
La diferencia con el mango del supermercado es abismal y se explica por el tiempo desde la rama hasta tu plato. El importado se recolecta verde para resistir tres a cinco semanas de viaje; se ablanda en cámaras de etileno pero nunca desarrolla los azúcares complejos ni los aromas volátiles que definen un mango real.
Nuestro Osteen se recolecta cuando el fruto ha completado su maduración en la rama, con los azúcares naturales en su punto máximo. Cada bocado es cremoso, dulce pero equilibrado, con notas florales y un aroma tropical que se percibe al abrir la caja. No necesita azúcar añadida: solo una cuchara y un momento para disfrutarlo.
Prueba la diferencia
